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El vicio gamer detrás del catálogo de WPlay

En la redacción de Voces del Vicio solemos mirar los productos de apuestas y casino online con los mismos ojos con los que miramos un videojuego nuevo: qué interfaz eligieron, qué mecánicas de progreso metieron dentro, cómo premian que el usuario vuelva al día siguiente. Esta vez el objeto de estudio es WPlay, una plataforma de apuestas deportivas y casino online que opera en el mercado latinoamericano y que, como casi toda la industria del iGaming de la última década, ha ido tomando prestado vocabulario y recursos directamente del mundo del videojuego. No es un análisis de cuotas ni una guía de registro: es un repaso, desde la óptica de quien lleva años cubriendo consolas y PC, de cómo ese lenguaje aterriza en un catálogo de casino.

Cuando el lobby de casino empieza a parecerse a un menú de juego

El primer punto que salta a la vista al recorrer un catálogo como el de WPlay es el propio diseño del lobby: pestañas por categoría, filtros por proveedor, buscador, miniaturas grandes con arte llamativo. Es la misma gramática visual que cualquier tienda digital de videojuegos — piénsese en cómo se organiza un catálogo de una consola moderna, con carruseles de destacados, secciones de "nuevos lanzamientos" y accesos directos a lo más jugado. La diferencia es que en vez de RPGs y shooters, lo que se organiza así son tragamonedas, ruleta, blackjack y un bloque de casino en vivo con crupier transmitido en directo. La lógica de descubrimiento —explorar, probar, volver a lo conocido— es la misma que aplicamos nosotros cuando repasamos catálogos de Steam o de una eShop: cuanto más se parece la navegación a la de un juego, menos fricción siente quien entra por primera vez.

Esa mímesis no es casualidad ni exclusiva de WPlay: es una tendencia documentada en toda la industria del juego online, que desde hace años recurre a estudios de experiencia de usuario formados en el mundo del videojuego para diseñar sus interfaces. Cuando una casa de apuestas contrata a alguien que antes trabajó en diseño de menús de un juego triple A, el resultado se nota en cada pantalla: transiciones suaves entre pestañas, iconografía grande y legible pensada para el pulgar en móvil, y una jerarquía visual que prioriza "lo que estás jugando ahora" por encima de cualquier otro dato. Es, en el fondo, el mismo trabajo de curaduría que hace el equipo de una tienda digital de consola cuando decide qué título va primero en el carrusel de portada.

Vale la pena detenerse en el detalle técnico, porque también ahí hay ecos del videojuego: el casino en vivo funciona sobre infraestructura de streaming de baja latencia, muy parecida en su lógica a la que usa cualquier plataforma de retransmisión de partidas competitivas que seguimos a diario en la redacción. Cámaras múltiples, cambio de plano según la acción de la mesa, overlays con estadísticas de la ronda en curso: es la misma caja de herramientas audiovisual que empleamos para narrar un torneo de esports, aplicada esta vez a una mesa de ruleta o de blackjack con crupier real. La sensación de "estar ahí", que en un videojuego se logra con buena dirección de cámara y sonido, se persigue en el casino en vivo con el mismo objetivo: que la distancia entre la pantalla y la experiencia se sienta lo más corta posible.

Tragamonedas con estética de videojuego: el catálogo como vitrina

Donde el paralelismo se vuelve más literal es en el propio catálogo de tragamonedas que agrega una plataforma como WPlay. Buena parte de los proveedores que nutren estos lobbies —Pragmatic Play, Play'n GO, NetEnt, entre otros habituales del sector— llevan más de una década produciendo títulos con estética explícitamente sacada del videojuego: pixel art retro que remite a las recreativas de los ochenta, temáticas de aventura con "niveles" y "jefes finales" simbólicos, barras de progreso, símbolos que se expanden o se multiplican como si fueran power-ups. No hace falta buscar mucho para encontrar tragamonedas que citan abiertamente códigos de plataformas, mazmorras o naves espaciales; el catálogo de casino se volvió, en los últimos años, una vitrina más de estética gamer que de ruleta clásica de salón. Un jugador que llega desde el mundo del videojuego reconoce ese lenguaje al instante, aunque el objetivo del juego —apostar dinero real por un resultado aleatorio— no tenga nada que ver con completar una campaña.

Esa cercanía estética es también la que explica por qué sitios como el nuestro terminan escribiendo sobre casas de apuestas: no por la apuesta en sí, sino porque el objeto que se nos pone delante —un catálogo, un menú, una economía de premios— se lee con las mismas herramientas críticas que usamos para un juego cualquiera.

Misiones, torneos y tablas: la capa de "juego dentro del juego"

El segundo nivel de mímesis, más interesante todavía, es el de la capa de retención: torneos de tragamonedas con tabla de posiciones, misiones diarias o semanales que desbloquean giros o saldo extra, insignias o niveles de un programa de fidelidad. Es exactamente la arquitectura de un sistema de logros de consola trasplantada a un negocio de apuestas: cuanto más juega el usuario, más sube en una escala visible, y esa escala se convierte en el verdadero gancho, por encima incluso del premio económico puntual. Plataformas de casino y apuestas como WPlay recurren a este tipo de mecánicas —torneos internos, clasificaciones, recompensas por actividad— porque son las que mejor conocen los propios usuarios que llegan del mundo del videojuego: no hace falta explicarles qué es una tabla de posiciones ni por qué subir de nivel importa, ya lo saben de memoria de cualquier juego con temporada.

Desde la óptica de un medio de videojuegos, lo llamativo no es que exista casino en vivo o apuesta deportiva —eso es la industria de siempre—, sino que la capa de progreso y de recompensa por constancia se haya vuelto tan explícitamente "de videojuego" en su forma. La propia idea de "sesión", de volver a conectarse para no perder una racha, es un recurso de diseño que el sector del juego adaptó casi sin disimulo del vocabulario de la industria que cubrimos a diario.

Apuestas deportivas y el ala esports

La otra pata de una plataforma como WPlay es la apuesta deportiva convencional: fútbol, básquet, tenis, y en los últimos años, una sección específica para esports. La inclusión de mercados sobre Counter-Strike, League of Legends o Dota 2 en las casas de apuestas generalistas es ya un estándar del sector, no una rareza: siguió el mismo camino que las cadenas deportivas, que empezaron a retransmitir torneos de esports una vez que el público empezó a pedirlo. Para la audiencia de Voces del Vicio esa sección suele ser la puerta de entrada más natural, porque habla el idioma de los torneos que seguimos, con sus ligas, sus playoffs y sus estadísticas de equipo, aunque el producto final —apostar dinero por un resultado— siga las mismas reglas que cualquier otro mercado deportivo.

El tablero deportivo también aprendió del HUD

Fuera del casino, la sección de apuesta deportiva de plataformas como WPlay tomó prestado otro recurso muy familiar para cualquiera que juegue simuladores o títulos deportivos: el HUD en vivo. Marcador actualizado en tiempo real, posesión, tarjetas, mapa de calor cuando el deporte lo permite, cuotas que cambian de color según suben o bajan: es la misma cantidad de información que un jugador espera ver superpuesta sobre la pantalla de un partido simulado, solo que aquí el partido es real y la cuota reemplaza a la estadística de rendimiento del personaje. Para alguien que pasó horas frente a un simulador deportivo, leer ese tablero no requiere aprendizaje adicional: los códigos visuales ya están asimilados de otro contexto, y eso reduce muchísimo la fricción de entender qué está pasando en un partido que se sigue en directo desde el celular mientras se decide si conviene mover una apuesta en curso.

Ese tablero en vivo, además, suele convivir con estadísticas históricas de cada equipo y jugador, presentadas en tarjetas y gráficos que recuerdan más a una pantalla de "stats" de un juego de gestión deportiva que a una planilla tradicional de casa de apuestas de hace una década. La comparación no es forzada: buena parte de los equipos de producto de estas plataformas viene, directa o indirectamente, del mundo de los videojuegos deportivos, y eso se nota en cada decisión de diseño de estas pantallas.

Lo que hay que tener claro antes de tocar cualquier plataforma de este tipo

Todo lo anterior es una lectura de diseño e interfaz, no una recomendación de uso. En Argentina no existe una licencia nacional única para el juego online: cada provincia regula la actividad a través de su propio organismo —el Instituto Provincial de Lotería y Casinos (IPLyC) en Buenos Aires, la Lotería de la Ciudad de Buenos Aires (LOTBA) en la Ciudad Autónoma, o el Instituto Provincial de Juegos de Azar en Mendoza, por citar los más conocidos—, y cada operador que quiera trabajar de forma regular en el país debe encuadrarse en el marco de la jurisdicción correspondiente. Cualquier plataforma seria exige verificación de identidad y de edad antes del primer depósito, incluye mensajes de juego responsable y mecanismos de autoexclusión, y su acceso está restringido a mayores de 18 años. Son datos de contexto, no una opinión sobre WPlay en particular: los mencionamos porque cualquier lectura de diseño de este tipo de plataformas queda incompleta si no se recuerda el marco regulatorio en el que deberían moverse.

Notas finales de redacción

  • El lobby se organiza como una tienda de videojuegos: categorías, destacados, buscador.
  • Buena parte del catálogo de tragamonedas cita directamente estética y códigos de videojuego.
  • Torneos, misiones e insignias reproducen la arquitectura de un sistema de logros de consola.
  • La sección de esports sigue el mismo estándar que adoptó ya toda la industria de apuestas.
  • El marco regulatorio en Argentina es provincial, no nacional, y exige verificación previa.

Para la redacción de Voces del Vicio, el caso de WPlay confirma algo que veníamos notando en otros rincones del sector: el lenguaje del videojuego dejó de ser un recurso decorativo en las plataformas de apuestas y pasó a ser, directamente, la gramática con la que se diseña buena parte de su producto, desde el lobby hasta la capa de progreso y recompensas. Seguiremos mirando estos catálogos con la misma curiosidad con la que miramos cualquier lanzamiento nuevo, porque al final del día se trata del mismo oficio: diseñar una pantalla que alguien quiera volver a abrir mañana. Hace poco nos topamos con otro caso parecido, esta vez del lado de una app argentina, y la lógica de fondo es la misma que veníamos describiendo aquí.


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